Un delicado túnel de cristal

Por Jorge Eduardo Bustamante
Para LA NACION 17 06 2002

 

Exploradores en una selva encuentran una miríada de obstáculos: fieras, caníbales, lluvias, mosquitos, alimañas. Cuando los obstáculos son muy pesados, avanzan a medias. Cuando son insuperables, abandonan. Si ingenieros zapadores abren picadas, limpian el terreno y protegen el sendero con un túnel de cristal, los exploradores avanzarán en paz y podrán trabajar. La seguridad jurídica es un delicado túnel de cristal. Cristal blindado a los ataques externos, pero muy frágil a los desatinos internos.

Celebro un contrato y se cumple. Deposito ahorros y los retiro. Pago impuestos y no soy tonto. Violo un semáforo y soy multado. Robo e iré preso. Intento coimear y soy denunciado. Me chocan y me pagan. Seguridad jurídica es poder prever el resultado de las conductas propias y los actos de terceros. Si la inversión es proyección al futuro, la seguridad jurídica despeja ese horizonte. Un delicado túnel de cristal que elimina los costos que cada emprendedor tendría para desbrozar el camino por sí mismo. El rol de las instituciones es reducir esos costos, los costos de transacción.

La inseguridad jurídica implica la desaparición del Estado como garante del derecho, y la necesidad, para quienes actúan, invierten y contratan en esa tierra de nadie, de recurrir a fórmulas privadas para disminuir riesgos y obtener certidumbre mediante costosos arreglos contractuales, como en las sociedades primitivas. No hay conductas productivas sino especulación, emigración de los mejores y fuga de capitales.

Por ejemplo, en lugar de nuevas plantas industriales, se fabrica con terceros o se importa; para obtener crédito, se exigen garantías en el exterior; para la mano de obra, horas extras o contratos basura; al vender, se retacea por riesgo de no cobrar; para transportar, rastreo satelital; para la paz social, acuerdos espurios con dirigentes sindicales; para los impuestos, evasión en previsión de futuras moratorias.

Un país funciona cuando las personas actúan sabiendo que su esfuerzo será retribuido y los perjuicios que causen deberán ser compensados, como resultado natural del orden jurídico, sin tener que actuar como si vivieran en la selva. Por contraposición, los derechos están cercenados si terceros (incluyendo el Estado) pueden apropiarse sin costo del esfuerzo ajeno (por ejemplo, congelación de depósitos, alteración de contratos, arbitrariedad administrativa, delitos sin castigo, ocupaciones ilegales, Justicia sin independencia, corrupción). Es decir, cuando no existe seguridad jurídica. Lo mismo ocurre cuando la seguridad jurídica es impuesta en forma autoritaria o por falsas democracias: la ausencia de consensos denuncia su debilidad intrínseca y presagia su corta duración.

Cuanto mayor es la inseguridad jurídica, mayor es el riesgo país. Cuanto mayor es el riesgo país, mayor es la tasa de retorno que un inversor exige para su proyecto. Cuanto mayor es la tasa de retorno exigida, las utilidades se ambicionan más rápidamente, más corto es el payback . Cuanto más rápido se exigen las ganancias, los proyectos de largo aliento quedan descartados. En el extremo, solamente hay negocios del día. Pura especulación.

La inseguridad jurídica es como la ominosa silueta de la muerte, que con su guadaña filosa determina la "tasa de corte" mínima que se requiere a una inversión para que nazca o sobreviva en un país convulsionado. Cuanto mayor es la inseguridad jurídica, más exitosa es la tarea de la muerte, que siega al ras cualquier señal de verdor y crecimiento.

Concepción ética

En el mundo de las comunicaciones y el transporte, la mayor ventaja competitiva es la seguridad jurídica. En el peñón oceánico más yermo y desolado pueden desarrollarse las sociedades más ricas, si existe seguridad jurídica. Por otro lado, la desocupación y el hambre se apoderan de los territorios con mayores recursos naturales, si sus gobernantes la ignoran y dejan que sus recursos sigan siendo así, naturales.

La seguridad jurídica implica una concepción ética del rol de los derechos y libertades personales para la prosperidad de una Nación. Así, la Constitución diseña una arquitectura del Estado para que, en su tarea diaria, asegure la aplicación real de los derechos reconocidos en su texto: operativos y no teóricos. Que construyan realmente un delicado túnel de cristal.

¿Cómo? Evitando la discrecionalidad del gobernante (Estado de derecho), con frenos y contrapesos (división de poderes) y un Poder Judicial independiente. Con libertad de prensa y un sistema democrático, no digitado por grupos corporativos, con gestión transparente y prevalencia del bien común.

Para quienes acuñaron sus arquetipos mentales en el materialismo dialéctico, se trata de palabrerío burgués, contrario a sus ideales: la propiedad es un robo; la globalización es dependencia; las empresas, explotación; las ganancias, plusvalía, y el dinero, alienación. Más peligrosos aún son los "pragmáticos", que, careciendo de ideas o principios, proclaman su adhesión a la seguridad jurídica, pero invocando la "crisis" o la "emergencia" siempre encuentran razón para dejarla de lado. ¡Y ni qué hablar de los estragos de la corrupción, cuando el Estado se remata al mejor postor y las normas se venden a la mayor oferta! Los ideólogos, pragmáticos o corruptos, son los jinetes del Apocalipsis que destruyen el túnel de cristal. Para ellos, la seguridad jurídica es una frase para los expedientes, los discursos o para pedir plata al Fondo Monetario Internacional. Pero en el fondo ni saben ni les importa qué significa.

Cuando hay convicción en la potencia creadora de la iniciativa personal, cuando se entiende el sistema de precios como señales de abundancia y escasez, cuando se comprende el rol de la confianza en el proceso de inversión, los tres poderes del Gobierno operan como ingenieros zapadores que tienden caminos, emplazan puentes, abren picadas, ahuyentan bandidos. En suma, construyen el delicado túnel de cristal en la jungla incierta de la convivencia humana. Y así, el sendero estará limpio y despejado, seguro y señalizado, libre de los ataques que suelen perpetrar los peores enemigos del progreso: la discrecionalidad estatal, la abulia burocrática, las presiones sectoriales y la tentadora corrupción.

Con seguridad jurídica y bajo su túnel de cristal, la simple actividad diaria de la gente genera riqueza y empleo, salud y educación, justicia y distribución, para bienestar de toda la sociedad.

Jorge Eduardo Bustamante fue subsecretario de Economía. Autor de La República corporativa (Emecé, 1988).